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Terra
La Coctelera

La "normalidad" es la discapacidad para resaltar.

Cuando tenía 5 años, la psicóloga de mi colegio le dijo a mi mamá que sufría de "algún tipo de trastorno" que me impediría aprender correctamente, salvo en una escuela especial. Al final, me gradué en el mismo colegio en el que estudié toda la vida, muy a pesar de la psicóloga, y con unas de las mejores calificaciones.

Con los años, me dí cuenta que dicho trastorno es de atención e hiperactividad; ello me hace ver las cosas de un modo distinto e incluso, tener mucha ventaja respecto a muchas personas normales (gracias a Dios), porque no hay peor adversidad que ser "normal"; incluso, lo calificaría de "discapacidad": la discapacidad para resaltar.

Lo que más me gusta es ver la cara de la gente "normal" cuando logro las cosas que he logrado o hago las cosas que quieren hacer y atreven. Cuando me dicen que no puedo... y al final, he podido, de una forma u otra... Cuando me dicen que soy un freak ("friki" en España) con intención peyorativa.

Y ser un freak o un "friki" al final es resaltar y resaltar posiciona, de alguna forma u otra, por encima de la gente "normal" muy a su pesar.

Durante todo este post he escrito "normal". Porque, seamos sinceros, ¿es acaso normal querer pasar toda la vida en el mismo empleo, cumpliendo un horario de 9 a 5 (o de 9 a 9) para tener hijos, educarlos para que hagan lo mismo y al final llegar a la edad en la que el cuerpo no te sirve para mucho y que rezas cada dos horas para poder llegar al baño y no tener que pasar por la verguenza de haberte meado o cagado encima? Claro... éso es lo normal, pero ¿es lo deseable?

Aimee Mullins, nacida en 1976 en Allentown, Pennsylvania, Estados Unidos, es una atleta, modelo y actriz norteamericana, muy conocida por su desempeño atlético a pesar de tener ambas piernas amputadas. Recomiendo ver su Ted Talk http://www.youtube.com/watch?v=dTwXeZ4GkzI

Papafrita Project

Tengo mi vida llena de asuntos pendientes sin terminar.

Al final, siempre tengo las ilusiones a medias y, curiosamente, el 70% de mis expectativas cumplidas a la fecha (cuando tenía 15 años, pensaba que a los 30 estaría más o menos como estoy).

Sin embargo, muchos de mis proyectos quedan como papas fritas frías que nadie se va a comer (salvo como comida de resaca).

Ea! A por el cigarro de las 12:45...

Ni feliz año ni pajas mentales...

Una de las últimas cosas que me dijo mi padre antes de morir: "yo no te crié para que le comas mierda a nadie".

Y le estoy haciendo caso.

Así que no daré la felicitación idiota, hipócrita y vacía de fin de año, en la que se desean los mejores deseos deseables, ni las estupideces de rigor.

El año que viene es duro, pero ni más ni menos que otros años y, salvo que toque la lotería o te ganes el pan sin el sudor de tu frente, habrá que joderse para lograr lo que se quiere conseguir. Y si no se consigue, la responsabilidad es mayormente exclusiva de la persona que ves frente al espejo de tu baño.

Así que ni feliz año ni mierda, a echarle un par y pa'lante, que quedan menos de 2 años para el fin del mundo!

Filosofía del dolor

Wikipedia define el "dolor" como una típica experiencia sensorial que puede describirse como la noción desagradable de un estímulo nocivo o de un daño corporal. Una persona puede conocer el dolor a través de heridas comunes a diario y de vez en cuando a través de lesiones más graves o enfermedades.

Sin embargo, el dolor es también una condición o experiencia psicológica, causada por varias circunstancias.

Evitar el dolor es parte del núcleo de la cultura occidental, en la que la búsqueda de la felicidad (entendida como la ausencia de cualquier dolor o sentimientos desagradables), hace descartar el hecho de que sólo podemos entender la felicidad después de haber pasado a través del dolor.

El dolor es el centro de la vida. La única sensación de que puede hacernos comprender el sentido del sufrimiento y entender la felicidad como una recompensa temporal.

Un Mundo Mejor

¿Cuántas veces nos quejamos de qe vivimos en un mundo de mierda? Y, ¿´cuántas veces hacemos algo por cambiarlo?

El ser humano es, probablemente, uno de los seres más mezquinos que habite en la faz de la Tierra. A diferencia de los animales, cuya "mezquindad" es completamente irracional, la del humano es sopesada y meditada; en el mejor de los casos es inconsciente.

Sin embargo, el ser humano es capaz de desarrollar un sentimiendo de empatía con sus similares. Generalmente ese sentimiento se orienta a personas de su clan, lo que llegamos a llamar "afecto", "cariño" o "amor". Pero, otras veces, esa empatía se vuelca hacia personas externas a nuestro círculo. A veces el ser humano reacciona con solidaridad.

La mayoría de las veces, cuando escuchamos hablar del Islam, tendemos a asociarlo con actos terroristas o con mujeres maltratadas. Pero casi nadie se recuerda de que uno de los pilares del Islam es la limosna (en este caso, me dirá más de uno que el Catolicismo tiene el "ama a tu prójimo como a tí mismo", sin embargo, el mandato del Islam es más directo: AYUDA AL OTRO).

Venir de un país con una ecomonía inflacionaria te hace sentirte menos apegado al dinero; a fin de cuentas, el dinero en un país así "no vale nada". Ello hace que suela darse limosna de forma relativamente habitual.

Sin embargo, en Europa, el dinero vale. Vale hasta el último céntimo y hasta el último céntimo regateamos, cuidamos y gastamos en nosotros mismos o en nuestro círculo. Y le pasamos por encima al mendigo que pide, al niño que vende clínex o a la señora que tiene hambre y pide.

Realmente, nos quejamos de que el mundo es una mierda, pero ¿qué pasaría si un día, en vez de pasarle al lado a la señora, le preguntas si tiene hambre y la llevas a comerse un pincho de tortilla y una caña?. Ese día, esa señora habrá tenido una ingesta calórica de unas 550 calorías que no suele tener y, lo más importante, se habrá sentido bien. Así sea por un mísero minuto, se habrá sentido bien. ¿qué cuesta hacer eso? ¿3 €?

Ciertamente, muchas personas en Europa hacen caridad: Apadrinan a un niño llamado Mlundu, que vive en el Congo Belga y que, gracias a sus donaciones, recibe diariamente una ración de harina de pescado con avena para su sustento y, además, puede ir con el recibo de ello, una vez al año, a darse golpes de pecho ante el funcionario de la declaración de la renta; porque esa caridad desgrava... (Por favor, no se sientan audidos los padrinos que lo hacen de corazón y no se dan golpes de pecho ya que, gracias a ellos, muchos Mlundus pueden vivir; lo que critico es la filantropía rentable, no la filantropía en sí misma).

¿Cuántos de nosotros nos interesamos un poquito y de vez en cuando, por hacer que un extraño en necesidad se sienta mejor? ¿Cómo sería el mundo si, habitualmente, le comprásemos un par de bollos a los niños que piden en la calle, un bocata a la señora o, por qué no, una botella al viejo que se emborracha para no recordar que es viejo, que está solo en el mundo y, encima, en la puta calle, con frío, después de haber sido joven y no haber pensado que podría terminar así?

Se imaginan que todos hiciésemos eso, por una persona distinta, solamente una vez a la semana. Con el necesitado de turno, el que vemos casi todos los días.

Sería definitivamente un mundo mejor.

PD: Mi abuela paterna (gallega ella y, además por lo que recuerdo, súmamente dura, pero entrañable conmigo) a los 5 años me llevó a darle limosna a un mendigo en Mondoñedo. En aquel entonces le tenía pánico a los mendigos. Sin embargo, me arrastró hasta él y me hizo darle 20 Pesetas. Luego, se agachó a mi altura y, recuerdo que me dijo que nunca le negara limosna a nadie. Años después, mi padre me dijo que ella solía darle a cuántos le pedían y que decía "nunca niegues limosna al pobre que de puerta en puerta llama; él habrá de enseñarte el camino que habrás de seguir mañana". Probablemente fue eso lo que me dijo.

No me vendan la moto… Quiero un Cadilac (Reflexiones sobre la Generación Y)

En estos días un amigo me maileó un artículo sobre la “generación Y”, publicado recientemente en Cinco Días.

Al leer el artículo, lo primero que pensé fue “qué de pinga! Soy de la generación Y. Y mi perfil cuadra con lo que dicen en el artículo!”. Pero luego, poco después de mostrárselo a mi jefe, Rodrigo Miranda, y leerlo por segunda vez, ya no me pareció tan chévere el artículo y el contenido.

Para comenzar, no todos los nacidos en esas fechas somos Y. Es normal, ya que existen diferencias socioculturales que, lamentablemente, criban la educación, razón por la cual, alguien con una FP no podría ser de la generación Y.

Igualmente, no todos nos hemos graduado a los 25 años (yo por ejemplo a los 23), ni hemos comenzado a trabajar a los 28-29 años (yo a los 17); por lo cual, alguien con más experiencia laboral que académica tampoco debe ser considerado Y.

Siguiendo con la idea, no todos nos hemos podido ir a “perfeccionar el inglés”, ya que probablemente estaba algo ocupado trabajando y ganando experiencia laboral, o emigrando para salvar el pellejo. De la misma forma que otros no habrán podido por estar currando o no haber podido acceder a un Erasmus o simplemente por falta de base económica. Ninguno de los anteriores son Y.

Entonces, ¿qué debo entender por generación Y? Debo entender que es la elite de la elite (porque no todos somos elites, habremos algunos menos elitescos que otros), que viene “pisando fuerte”, cuando, en realidad pisa fuerte porque habiendo de donde escoger, se prefiere al que tiene 4 masters, antes del que hizo un instrumento para medir el índice de influencia de la pena de muerte en Mozambique, por ejemplo. O se prefiere al que pasó un año en Holanda y volvió con nociones avanzadas de holandés (que en un currículum pone como “completamente bilingüe” y cuela, porque el reclutador de RRHH de la empresa no sabe hablar holandés), antes que quien viene con un título, medio master y un inglés decente y correctamente aprendido en casa que le permite entender y hacerse entender con fluidez.

No se me mal entienda, no hablo de lo anterior por sudar por la herida de la inmigración, ya que he visto casos de personas españolas que empezaron en un trabajo haciendo cosas estupendas y luego han tenido que pasar a otro en unas condiciones, digamos poco ineresantes, soportando el flagelo de la titulitis, tan conocido en España, EE.UU y Latam.

Los casos anteriores suceden. Suceden mucho. Sucede cada vez más que en una empresa para un cargo directivo de medio a alto, es más importante el “know who” que el “know how”. Que las decisiones estratégicas terminan siendo políticas y que al final sucede lo que sucede porque ni los de la generación X ni los de la generación Y al final saben resolver basándose en lo que tanto se estudió y tienen que recurrir a un anti X o a un anti Y (léase un “currito”) para que saque adelante a la compañía.

Lo más peligroso es que se deifique a la generación Y. Es peligroso, porque perpetuará (como si ya no lo estuviera) el escenario en donde puede más el peso de un imperio de relaciones que el de una meritocracia bien ganada en base a sudores y horas de vuelo laboral y complementos formativos.

Sea de la generación que sea, un buen profesional, debe foguearse en el ruedo e ir aprendiendo del día a día, mientras se sigue estudiando y aprendiendo y aplicando lo aprendido al día a día, para seguir “ganando músculo” (del que dicen que adolecen los G.Y. en el artículo). Y así, siempre; independientemente del cargo que se tenga.

Al final, me viene a la mente una frase de mi padre, que seguramente será de mi abuelo y del padre de mi abuelo y de ahí hasta la ancestral generación A: “Si quieres peces, tienes que mojarte el culo!”. Y para coger peces hay que agachar la cabeza, aprender de los fracasos y no ir de sobrao por la vida, por mucha generación de los kintekis de la que se sea.

No me vendan la moto de la generación Y; quiero usar bien las herramientas que tengo, o buscar las que me faltan para hacer un Cadilac!

Sobre las versiones de la fe y la exposición sobre María Lionza de Cristina García Rodero

Formando parte del público asistente a las diversas exposiciones de Photoespaña 08, no podía dejar de asistir a la muestra de Cristina García ya que el tema que aborda en la misma forma parte de la cultura de mi país natal, Venezuela.

Al entrar en el espacio destinado a la exposición, lo que más me llamó la atención fue el fondo musical que se escogió: tambores y el sonido de un río. Sin embargo, no eran cualquier tipo de tambores, sino tambores rituales, utilizados en los diversas prácticas religiosas que se llevan a cabo en el Espiritismo Marialioncero, por lo cual la ambientación me pareció excepcionalmente bien pensada.

De la misma forma, las planchas de metal pulido del suelo de la entrada, daban la sensación de estar cerca de el río y, en la medida que se avanza por la muestra, se tiene la sensación (o muy parecida) de irse adentrando cada vez más en los rituales.

Fotográficamente, me quito el sombrero ante la técnica de Cristina y espero poder tener la oportunidad de comprar el libro de esta muestra, ya que habré de tomarla como fotógrafa de referencia en lo que a retratos se refiere.

Sin embargo, un punto que no quedó lo suficientemente cubierto fue la explicación sobre los rituales que se realizan.

Comprendo que es complicado entender, habiendo vivido siempre en España, el alcance cultural que puede tener el Espiritismo en Venezuela (al igual que el Vudú en Haití, la Santería en Cuba o el Candomble en Brasil); sin embargo, pese a lo relativamente autoexplicativas que puedan parecer algunas imágenes, suelen irremediablemente llevar a confusión.

El tema tratado, la diosa de los ojos de agua, diluye totalmente el contenido de muchas fotografías que son sumamente espectaculares (no sólo por la técnica, sino por el momento captado en sí mismo). Ello lleva a muchas personas a hacer comentarios no del todo adecuado sobre los ritos y sobre la experiencia espiritual que se vive en el momento.

Así, por ejemplo, en la foto Bautizo de Sangre, tenemos a un niño de unos 7 años al que lo están bautizando en el Espiritismo (consagrándolo a alguna deidad rectora de alguna de las cortes). Una de las partes de ese rito consiste en sacrificar a un animal (generalmente un gallo o una paloma) y con su sangre se le hace una marca al consagrado en la frente. Ante esta fotografía, una asistente a la muestra comienza a dar explicaciones sobre el parecido de la marca de la sangre en la frente a la silueta de un demonio y a la vinculación entre ese rito y el satanismo y soltar un "porque, claro, ya sabemos que en Sudamérica se hacen esas cosas..."

Luego, otra asistente, al escuchar los tambores comienza a bailar mientras camina.

Es un poco impactante que algunas personas no encuentren la relación que puede existir entre lo espectacular de los ritos espiritistas con los ritos católicos. A fin de cuentas, ver volar por el medio de la nave de una catedral a un incensario gigantesco, es poco más o menos impactante que ver como un sacerdote espiritista le arranca de un mordisco la cabeza a un gallo. Igualmente, ver a Papa en su balcón en el Ángelus genera tanto paroxismo como el que tienen los asistentes a una posesión por una deidad del rito espiritista.

Sin embargo, las manifestaciones de fe, cuando son distintas y no profundamente explicadas dan lugar a confusión que, en algunos caso, degenera en crítica mal fundada.

De la misma forma escuché decir que la mayor parte de los rituales son una farsa. Esa es la parte más delicada, ya que ¿es acaso una farsa la transmutación de la hostia y el vino consagrado en el cuerpo y la carne de Cirsto? ¿Realmente sucede la transmutación o los curas se toman simplemente una tapita y un chato de vino por cada misa?

La fe es un asunto delicado y que debe ser tomado en serio, sin importar la forma de un ritual, ya que no todos los venezolanos hemos asistido a ritos de este estilo (yo sí que los he presenciado), sin embargo, la penetración sociocultural de los mismos es tanta como la de la iglesia. De hecho, la fe en la iglesia se funde con otro tipos de fes, no excluyentes en sí mismas, de forma muy similar a como se unen en un sincretismo las grandes religiones del Extremo Oriente (Taoismo, Confusionismo y Budismo).

Sin embargo, en Sudamérica son muy comunes esas cosas...

España huele a ajo...?

Lamentablemente sí. Huele a ajo y mucho.

No soy fan de la Beckham, sin embargo, ese es el típico comentario que más de uno tiene en la boca y nadie se atreve a decir. Sin embargo, ella, con la inocencia que sólo permite estar inundado en dinero y no ver otra cosa que no sea el ombligo propio, lo dijo.

Lo dijo y no se retractó, más bien agregó al poco tiempo que le gustaba el ajo!

Volvamos al tema, España huele a ajo, qué pasa?. Se huele en el aliento de la gente cuando vas en la calle, en el metro, en todos lados. Ahora bien, una de dos, o te gusta el ajo y lo consumes habitualmente y por lo tanto te desensibilizas al olor; o bien, te dessensibilizas al olor sin que te guste el ajo.

Londres a qué huele? A caries. Y la exhiben con orgullo en las legendarias sonrisas inglesas! Y El Cairo a qué olerá? Seguramente a falta de desodorante... Venezuela a qué huele? A cambur y petróleo, últimamente algo a Chávez. Ahora que lo pienso, creo que es mejor oler a ajo que oler a Vaticano, como en Roma u oler a terrorismo como en cualquier país de oriente medio; o a violaciones de derechos humanos como en China.

Tanta ofensa con el ajo y cuando se lo dicen y al final hay cosas que huelen peor... Estados Unidos huele a McDonald's!

Al final, hedionda o no (para unos); aromática o no (para otros)... Condimentada o no (para todos), España mola y huele a ajos; qué pasa?!

Olé!