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La Coctelera

manuelchao

12 Noviembre 2008

Un Mundo Mejor

¿Cuántas veces nos quejamos de qe vivimos en un mundo de mierda? Y, ¿´cuántas veces hacemos algo por cambiarlo?

El ser humano es, probablemente, uno de los seres más mezquinos que habite en la faz de la Tierra. A diferencia de los animales, cuya "mezquindad" es completamente irracional, la del humano es sopesada y meditada; en el mejor de los casos es inconsciente.

Sin embargo, el ser humano es capaz de desarrollar un sentimiendo de empatía con sus similares. Generalmente ese sentimiento se orienta a personas de su clan, lo que llegamos a llamar "afecto", "cariño" o "amor". Pero, otras veces, esa empatía se vuelca hacia personas externas a nuestro círculo. A veces el ser humano reacciona con solidaridad.

La mayoría de las veces, cuando escuchamos hablar del Islam, tendemos a asociarlo con actos terroristas o con mujeres maltratadas. Pero casi nadie se recuerda de que uno de los pilares del Islam es la limosna (en este caso, me dirá más de uno que el Catolicismo tiene el "ama a tu prójimo como a tí mismo", sin embargo, el mandato del Islam es más directo: AYUDA AL OTRO).

Venir de un país con una ecomonía inflacionaria te hace sentirte menos apegado al dinero; a fin de cuentas, el dinero en un país así "no vale nada". Ello hace que suela darse limosna de forma relativamente habitual.

Sin embargo, en Europa, el dinero vale. Vale hasta el último céntimo y hasta el último céntimo regateamos, cuidamos y gastamos en nosotros mismos o en nuestro círculo. Y le pasamos por encima al mendigo que pide, al niño que vende clínex o a la señora que tiene hambre y pide.

Realmente, nos quejamos de que el mundo es una mierda, pero ¿qué pasaría si un día, en vez de pasarle al lado a la señora, le preguntas si tiene hambre y la llevas a comerse un pincho de tortilla y una caña?. Ese día, esa señora habrá tenido una ingesta calórica de unas 550 calorías que no suele tener y, lo más importante, se habrá sentido bien. Así sea por un mísero minuto, se habrá sentido bien. ¿qué cuesta hacer eso? ¿3 €?

Ciertamente, muchas personas en Europa hacen caridad: Apadrinan a un niño llamado Mlundu, que vive en el Congo Belga y que, gracias a sus donaciones, recibe diariamente una ración de harina de pescado con avena para su sustento y, además, puede ir con el recibo de ello, una vez al año, a darse golpes de pecho ante el funcionario de la declaración de la renta; porque esa caridad desgrava... (Por favor, no se sientan audidos los padrinos que lo hacen de corazón y no se dan golpes de pecho ya que, gracias a ellos, muchos Mlundus pueden vivir; lo que critico es la filantropía rentable, no la filantropía en sí misma).

¿Cuántos de nosotros nos interesamos un poquito y de vez en cuando, por hacer que un extraño en necesidad se sienta mejor? ¿Cómo sería el mundo si, habitualmente, le comprásemos un par de bollos a los niños que piden en la calle, un bocata a la señora o, por qué no, una botella al viejo que se emborracha para no recordar que es viejo, que está solo en el mundo y, encima, en la puta calle, con frío, después de haber sido joven y no haber pensado que podría terminar así?

Se imaginan que todos hiciésemos eso, por una persona distinta, solamente una vez a la semana. Con el necesitado de turno, el que vemos casi todos los días.

Sería definitivamente un mundo mejor.

PD: Mi abuela paterna (gallega ella y, además por lo que recuerdo, súmamente dura, pero entrañable conmigo) a los 5 años me llevó a darle limosna a un mendigo en Mondoñedo. En aquel entonces le tenía pánico a los mendigos. Sin embargo, me arrastró hasta él y me hizo darle 20 Pesetas. Luego, se agachó a mi altura y, recuerdo que me dijo que nunca le negara limosna a nadie. Años después, mi padre me dijo que ella solía darle a cuántos le pedían y que decía "nunca niegues limosna al pobre que de puerta en puerta llama; él habrá de enseñarte el camino que habrás de seguir mañana". Probablemente fue eso lo que me dijo.

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29 Julio 2008

No me vendan la moto… Quiero un Cadilac (Reflexiones sobre la Generación Y)

En estos días un amigo me maileó un artículo sobre la “generación Y”, publicado recientemente en Cinco Días.

Al leer el artículo, lo primero que pensé fue “qué de pinga! Soy de la generación Y. Y mi perfil cuadra con lo que dicen en el artículo!”. Pero luego, poco después de mostrárselo a mi jefe, Rodrigo Miranda, y leerlo por segunda vez, ya no me pareció tan chévere el artículo y el contenido.

Para comenzar, no todos los nacidos en esas fechas somos Y. Es normal, ya que existen diferencias socioculturales que, lamentablemente, criban la educación, razón por la cual, alguien con una FP no podría ser de la generación Y.

Igualmente, no todos nos hemos graduado a los 25 años (yo por ejemplo a los 23), ni hemos comenzado a trabajar a los 28-29 años (yo a los 17); por lo cual, alguien con más experiencia laboral que académica tampoco debe ser considerado Y.

Siguiendo con la idea, no todos nos hemos podido ir a “perfeccionar el inglés”, ya que probablemente estaba algo ocupado trabajando y ganando experiencia laboral, o emigrando para salvar el pellejo. De la misma forma que otros no habrán podido por estar currando o no haber podido acceder a un Erasmus o simplemente por falta de base económica. Ninguno de los anteriores son Y.

Entonces, ¿qué debo entender por generación Y? Debo entender que es la elite de la elite (porque no todos somos elites, habremos algunos menos elitescos que otros), que viene “pisando fuerte”, cuando, en realidad pisa fuerte porque habiendo de donde escoger, se prefiere al que tiene 4 masters, antes del que hizo un instrumento para medir el índice de influencia de la pena de muerte en Mozambique, por ejemplo. O se prefiere al que pasó un año en Holanda y volvió con nociones avanzadas de holandés (que en un currículum pone como “completamente bilingüe” y cuela, porque el reclutador de RRHH de la empresa no sabe hablar holandés), antes que quien viene con un título, medio master y un inglés decente y correctamente aprendido en casa que le permite entender y hacerse entender con fluidez.

No se me mal entienda, no hablo de lo anterior por sudar por la herida de la inmigración, ya que he visto casos de personas españolas que empezaron en un trabajo haciendo cosas estupendas y luego han tenido que pasar a otro en unas condiciones, digamos poco ineresantes, soportando el flagelo de la titulitis, tan conocido en España, EE.UU y Latam.

Los casos anteriores suceden. Suceden mucho. Sucede cada vez más que en una empresa para un cargo directivo de medio a alto, es más importante el “know who” que el “know how”. Que las decisiones estratégicas terminan siendo políticas y que al final sucede lo que sucede porque ni los de la generación X ni los de la generación Y al final saben resolver basándose en lo que tanto se estudió y tienen que recurrir a un anti X o a un anti Y (léase un “currito”) para que saque adelante a la compañía.

Lo más peligroso es que se deifique a la generación Y. Es peligroso, porque perpetuará (como si ya no lo estuviera) el escenario en donde puede más el peso de un imperio de relaciones que el de una meritocracia bien ganada en base a sudores y horas de vuelo laboral y complementos formativos.

Sea de la generación que sea, un buen profesional, debe foguearse en el ruedo e ir aprendiendo del día a día, mientras se sigue estudiando y aprendiendo y aplicando lo aprendido al día a día, para seguir “ganando músculo” (del que dicen que adolecen los G.Y. en el artículo). Y así, siempre; independientemente del cargo que se tenga.

Al final, me viene a la mente una frase de mi padre, que seguramente será de mi abuelo y del padre de mi abuelo y de ahí hasta la ancestral generación A: “Si quieres peces, tienes que mojarte el culo!”. Y para coger peces hay que agachar la cabeza, aprender de los fracasos y no ir de sobrao por la vida, por mucha generación de los kintekis de la que se sea.

No me vendan la moto de la generación Y; quiero usar bien las herramientas que tengo, o buscar las que me faltan para hacer un Cadilac!

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28 Julio 2008

Sobre las versiones de la fe y la exposición sobre María Lionza de Cristina García Rodero

Formando parte del público asistente a las diversas exposiciones de Photoespaña 08, no podía dejar de asistir a la muestra de Cristina García ya que el tema que aborda en la misma forma parte de la cultura de mi país natal, Venezuela.

Al entrar en el espacio destinado a la exposición, lo que más me llamó la atención fue el fondo musical que se escogió: tambores y el sonido de un río. Sin embargo, no eran cualquier tipo de tambores, sino tambores rituales, utilizados en los diversas prácticas religiosas que se llevan a cabo en el Espiritismo Marialioncero, por lo cual la ambientación me pareció excepcionalmente bien pensada.

De la misma forma, las planchas de metal pulido del suelo de la entrada, daban la sensación de estar cerca de el río y, en la medida que se avanza por la muestra, se tiene la sensación (o muy parecida) de irse adentrando cada vez más en los rituales.

Fotográficamente, me quito el sombrero ante la técnica de Cristina y espero poder tener la oportunidad de comprar el libro de esta muestra, ya que habré de tomarla como fotógrafa de referencia en lo que a retratos se refiere.

Sin embargo, un punto que no quedó lo suficientemente cubierto fue la explicación sobre los rituales que se realizan.

Comprendo que es complicado entender, habiendo vivido siempre en España, el alcance cultural que puede tener el Espiritismo en Venezuela (al igual que el Vudú en Haití, la Santería en Cuba o el Candomble en Brasil); sin embargo, pese a lo relativamente autoexplicativas que puedan parecer algunas imágenes, suelen irremediablemente llevar a confusión.

El tema tratado, la diosa de los ojos de agua, diluye totalmente el contenido de muchas fotografías que son sumamente espectaculares (no sólo por la técnica, sino por el momento captado en sí mismo). Ello lleva a muchas personas a hacer comentarios no del todo adecuado sobre los ritos y sobre la experiencia espiritual que se vive en el momento.

Así, por ejemplo, en la foto Bautizo de Sangre, tenemos a un niño de unos 7 años al que lo están bautizando en el Espiritismo (consagrándolo a alguna deidad rectora de alguna de las cortes). Una de las partes de ese rito consiste en sacrificar a un animal (generalmente un gallo o una paloma) y con su sangre se le hace una marca al consagrado en la frente. Ante esta fotografía, una asistente a la muestra comienza a dar explicaciones sobre el parecido de la marca de la sangre en la frente a la silueta de un demonio y a la vinculación entre ese rito y el satanismo y soltar un "porque, claro, ya sabemos que en Sudamérica se hacen esas cosas..."

Luego, otra asistente, al escuchar los tambores comienza a bailar mientras camina.

Es un poco impactante que algunas personas no encuentren la relación que puede existir entre lo espectacular de los ritos espiritistas con los ritos católicos. A fin de cuentas, ver volar por el medio de la nave de una catedral a un incensario gigantesco, es poco más o menos impactante que ver como un sacerdote espiritista le arranca de un mordisco la cabeza a un gallo. Igualmente, ver a Papa en su balcón en el Ángelus genera tanto paroxismo como el que tienen los asistentes a una posesión por una deidad del rito espiritista.

Sin embargo, las manifestaciones de fe, cuando son distintas y no profundamente explicadas dan lugar a confusión que, en algunos caso, degenera en crítica mal fundada.

De la misma forma escuché decir que la mayor parte de los rituales son una farsa. Esa es la parte más delicada, ya que ¿es acaso una farsa la transmutación de la hostia y el vino consagrado en el cuerpo y la carne de Cirsto? ¿Realmente sucede la transmutación o los curas se toman simplemente una tapita y un chato de vino por cada misa?

La fe es un asunto delicado y que debe ser tomado en serio, sin importar la forma de un ritual, ya que no todos los venezolanos hemos asistido a ritos de este estilo (yo sí que los he presenciado), sin embargo, la penetración sociocultural de los mismos es tanta como la de la iglesia. De hecho, la fe en la iglesia se funde con otro tipos de fes, no excluyentes en sí mismas, de forma muy similar a como se unen en un sincretismo las grandes religiones del Extremo Oriente (Taoismo, Confusionismo y Budismo).

Sin embargo, en Sudamérica son muy comunes esas cosas...

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17 Julio 2008

España huele a ajo...?

Lamentablemente sí. Huele a ajo y mucho.

No soy fan de la Beckham, sin embargo, ese es el típico comentario que más de uno tiene en la boca y nadie se atreve a decir. Sin embargo, ella, con la inocencia que sólo permite estar inundado en dinero y no ver otra cosa que no sea el ombligo propio, lo dijo.

Lo dijo y no se retractó, más bien agregó al poco tiempo que le gustaba el ajo!

Volvamos al tema, España huele a ajo, qué pasa?. Se huele en el aliento de la gente cuando vas en la calle, en el metro, en todos lados. Ahora bien, una de dos, o te gusta el ajo y lo consumes habitualmente y por lo tanto te desensibilizas al olor; o bien, te dessensibilizas al olor sin que te guste el ajo.

Londres a qué huele? A caries. Y la exhiben con orgullo en las legendarias sonrisas inglesas! Y El Cairo a qué olerá? Seguramente a falta de desodorante... Venezuela a qué huele? A cambur y petróleo, últimamente algo a Chávez. Ahora que lo pienso, creo que es mejor oler a ajo que oler a Vaticano, como en Roma u oler a terrorismo como en cualquier país de oriente medio; o a violaciones de derechos humanos como en China.

Tanta ofensa con el ajo y cuando se lo dicen y al final hay cosas que huelen peor... Estados Unidos huele a McDonald's!

Al final, hedionda o no (para unos); aromática o no (para otros)... Condimentada o no (para todos), España mola y huele a ajos; qué pasa?!

Olé!

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14 Julio 2008

Y serás emigrante por siempre y para siempre...

Un día te despertarás y no será igual que otros días.

Siempre abrías los ojos y decías que era sólo otro día más, pero ese día dijiste que no, que era más bien un día menos, porque ya habías tomado la decisión.

Decidiste que ya no había nada para ti en el país que te vio nacer (los países tienen ojos, aunque no lo crean). Tampoco pensaste posible la vida sin dejar de pisar el suelo que llevabas pisando desde que tus padres decidieron bajarte de la cuna.

Así pues, el día anterior, compraste billete de ida y en la mañana comenzó el "un día menos" que te acompañó hasta el otro lado del charco, donde comenzaste a contar los días desde el día que pisaste tu tierra no natal.

Y comenzaste a descubrir las cosas que ya tanto te habían dicho que verías, sólo que esta vez las viste con tus propios ojos.

Y descubriste que lo único que no está inflacionado (existe el término?) es la economía. Que el tercer mundo a veces es un estado mental y/o educativo y que, como dice en Maestro Gabriel García Márquez, en boca de Fermina Daza, con cuatro palabras al preguntarle sobre Europa: "es más la bulla".

Sin embargo, estás acá y acá te quedas. Porque ya ha pasado el tiempo suficiente como pra que no puedas vivir sin las cosas de las que a diario te quejas o no terminas de comprender, o no terminas de intentar cambiar sin éxito posible. Te quedas...

Te quedas por no volver con el rabo entre las piernas o la cola entre las nalgas (lo que suene peor). Por no volver con la cabeza dentro del ala rota. Por no volver a donde dijiste que ya no volverías, sino bajo ciertas circunstancias que aún no se han dado, pero, aunque se den, ya no volverás de todas formas.

Y aprendes a no olvidar pero a recordar con cariño lo que tanto anhelas ver con los ojos y no con las tripas en las manos. Y a olvidar las cosas que no quieres recordar, porque, de lejos, no era todo tan malo. Aprendes a extrañar (echar de menos) sin rencor y sin estímulo, simplemente como se recuerda.

Y al final, no serás ya ni de aquí ni de allá, y aprenderás a vivir con el corazón roto: una pieza allá y otras tantas en los sitios donde has vivido acá.

Y a tener amigos circunstanciales, con los que compartes parte de tu presente, ya que con el pasaporte y el visado de trabajo (o la baja consular los hijos de otrora emigrantes inversos), dejaste atrás tu pasado y te convertiste en una persona que sólo tiene el presente para compartir y el futuro por soñar, maldecir, anhelar y construir.

Y echarás raíces que no esperas cortar, pero que puedes... Y levantarás muros para no dejar pasar lo que no quieres por miedo a no poder cortar las raíces que crece, aunque no quieres. Y te dolerá, pero el dolor ya formará parte de tu vida en este punto, así que será como un gimnasio para el alma, en el que el dolor es el simple efecto notorio de que te estás volviendo duro y, a ciertos niveles, de que te vas mierdificando, aunque aún eres el mismo que tenía el corazón y la foto de tu madre en la mano el momento en que el avión hacía que la tierra se viese pequeña.

Y apreciarás, de repente, todo lo que tienes. Apreciarás a todo a quien conozcas y a todo lo que te rodea.

Y en medio de la confusión de añorar, rechazar, apreciar, querer, odiar, no comprender, aceptar, te darás cuenta de que serás emigrante por siempre y para siempre...

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3 Junio 2008

Yo soy Manu Chao

Hola, me llamo Manuel Chao.

Sí... Manu Chao... Como el cantante... Qué guay, no?

Pues no! No es guay... No es guay que cada vez que dices tu nombre, la gente se quede con el mismo porque les suena a un hippie recalcitrante que también se llama Manuel Chao (aunque dudo ya si su nombre es ese).

Hablemos en claro; es que acaso parezco hippe? No lo creo. Es que acaso tengo la voz rasposa como si fuese un poco gago? Tampoco. O quizás es que hablo como si estuviera con las neuroras a mitad del suicidio por el canabis? En fin...

Me llamo Manuel Chao y la gente se empeña en llamarme "Manu", comosi fese algo que realmente me gustase.

Vamos a ver, mi nombre tiene 6 letras; 6! Si mis padres hubiesen querido que la gente me llamase "Manu", en mi partida literal aparecería con en nombre "Manu"; pero no, resulta que es Manuel. Ma-nu-el.

Al final ya ni me gasto en decirle a la gente que no me gusta que me llamen Manu; poco más o menos como si intentara que alguien de Andalucía o de Galicia no me llamaran Manolo. Podría ser peor, menos mal que ya no tengo edad para "Manolito".

Mi apellido es una jodienda; es verdad.

Desde que era muy niño siempre he escuchado lo típico: "chao, Chao!" (así como también "Chao, chao!". Otra clásica: "Su nombre?", "Manuel Chao", "ah; bueno, adios..."

Y completamos de rizar el rizo si vemos mi segundo apellido. Chao Moreno. Creo que no hay que hacer alusiones.

También puedo hacer un listado de los misspellings de mi apellido: Ciao, Chacón, Chávez, Chavo, Caos, Chaos, Chuao, Chango, El-Chao, Chacao, Machado, Shao, Ochoa, Chabao, Chambao, Clao...

En definitiva, muy a mi pesar a vaces yo soy Manu Chao. Y tengo más derecho a ser Manu Chao que Manu Chao. Años de risitas, burlitas, y tonterías por el estilo lo respaldan!

Incluso hace poco un compañero de trabajo, sistemáticamente se despedía de mi con el "Chao, chao" o "chao, Chao"; aunque, estando acá en España, me hacía recordar viejos tiempos, por lo que le cogí aprecio a la bromilla.

Ahora, lo que sí me revienta es que me digan: ah! como Manu Chao el cantante...?"; no te jode? Acaso al hediondo ese le dicen "Ah, como Manu Chao el fotógrafo?", o "ah!, como Manu Chao el consultor de marketing online?".

Ya le gustaría...

www.manuelchao.com

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